Trabajo en el borde donde lo humano y la máquina se rozan.
No me interesa la tecnología como espectáculo. Me interesa lo que despierta en nosotros: el deseo, el asombro, el miedo, lo que recordamos. La inteligencia artificial es mi cámara, no mi tema. Una herramienta para imaginar, no algo que enseñar.
Hago piezas que parecen metraje recuperado de un futuro demasiado cercano. Imágenes con ruido, cinta y neón, como si alguien las hubiera interceptado antes de que el mundo las olvidara. Futuros que nunca terminan de llegar. Futuros que se sienten.
A veces incomodan. A veces brillan. A veces son pura belleza extraña. No todos duelen, pero todos importan: cada uno guarda un deseo humano latiendo dentro de la máquina.
Creo en la imperfección como acabado. El grano, la señal degradada, el gesto torpe y verdadero dicen más que cualquier render perfecto. Lo pulido olvida; la textura recuerda.
Creo en la emoción honesta. Una historia puede ser oscura o luminosa, pero nunca vacía. Si no toca el deseo, el asombro o la memoria, no merece existir.
Y creo, sobre todo, en la persona dentro de la máquina. La herramienta nunca es el relato. Detrás de cada plano hay alguien que sintió algo y necesitó grabarlo antes de que desapareciera.
Producciones Palanca no fabrica futuros bonitos ni futuros tristes. Fabrica futuros que recordarás. Metraje filtrado de mundos posibles, contado desde quienes los habitan.
— Producciones Palanca · Barcelona · Mayo 2026